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A pesar de las promo en los súpers, la gente compra en Ferias Francas

Sin llevarle el apunte a los descuentos de grandes cadenas o bancos, cientos de vecinos siguen adquiriendo productos en puestos, que inundan de nostalgia y alegría los barrios de la región.

Marta Etcheverry veía como cada semana como la feria se instalaba frente a su casa y, junto a ella, amanecía un mundo de aromas y sabores.

Se había generado un vínculo tan fuerte entre su familia y algunos de los feriantes –a esa altura, amigos– que incluso tenían la llave de su casa para ir al baño o calentarse una pava de agua para el mate.

Cosas del barrio, y de la feria. Creció comprándole la verdura a aquél hombre que la conocía por su nombre, lejos de la fría sonrisa impuesta de las cajeras de los supermercados. El pescado, las plantas y la carne también eran de aquellos coloridos puestos sobre la calle Monteagudo, en Banfield.

Treinta años después, las vivencias de su juventud se convirtieron en su profesión y hoy atiende su puesto de artículos de limpieza respetando a rajatabla las consignas de la feria: bajos precios y atención personalizada. “Dejé de trabajar cuando nacieron mis hijos y las vueltas de la vida hicieron que tenga que volver al ruedo.

Me encanta la feria desde siempre y formar parte de esa gran familia me llena de orgullo y emoción. No dejaría mi trabajo por nada del mundo”, cuenta con entusiasmo Marta, en diálogo con La Unión. Asimismo, el trabajo en la feria es tan gratificante como sacrificado.

A pesar de lo que muchos creen, se trabaja de lunes a lunes preparando mercadería, los horarios obligan a muchos a estar en la cama antes de las 21 y de pie cuando todavía faltan varias horas para el amanecer.

“Es un trabajo muy duro porque tenemos que trabajar muchas horas y desde muy temprano, pero estar en contacto con la gente es muy lindo. Muchísimas personas compran en las ferias, porque la mercadería siempre es buena y fresca”, remarcó.

A pesar de que hoy todas las cadenas de supermercados ensordecen con ofertas pagando con tarjetas de crédito “de tal o cuál” banco o comprando dos productos iguales, los feriantes sostienen que en sus puestos “se consiguen siempre precios más baratos”.

“Familias enteras hacen sus compras exclusivamente en la feria, la mayoría por tradición y costumbre, pero muchos también quieren aprovechar los bajos precios. Acá no hay necesidad de llevar más artículos para que te hagan un descuento y se paga siempre en efectivo”, advirtió Héctor Ríos, que tiene puestos de granja en cinco ferias de Lomas.

En ese sentido, aseguró que se produce un vínculo de “amistad y fi delidad” con los clientes. “Cuando falto se comunican conmigo enseguida para saber qué me pasó. Además, muchos que por cuestiones de horario o de salud ya no pueden acercarse hasta el puesto, me llaman para hacerme el pedido y se los llevo a sus casas”, contó a este medio.

Según la Dirección de Ferias Francas de Lomas de Zamora, ubicada sobre la calle República de Siria, existen 47 ferias en el Distrito que “invaden” las calles de martes a domingo. Y en la actualidad están registrados unos 1.500 feriantes en actividad.

En ese sentido, las más extensas son las de Villa Albertina y Santa Marta. Ante el crecimiento de solicitudes que se registró en los últimos años, no se dan nuevas habilitaciones desde el área, sino que se limitan a legalizar la situación de cientos de familias que no estaban inscriptas.

“Compro en las ferias desde que tengo memoria; iba con mi mamá cuando era chiquita y para mí era toda una aventura. Recuerdo el olor de la fruta fresca en verano, el murmullo permanente de la gente. Comprar en la feria es un camino de ida, imposible acostumbrarse a otra cosa”, recuerda con nostalgia Marta Otero, vecina de 81 años de Lomas de Zamora.

Las ferias tienen vida propia, con una cadencia única que hace que se distinga su presencia a cuadras del lugar. Son portadoras de anécdotas y chismes. Emblema de esfuerzo y trabajo duro.

Su resistencia al paso del tiempo y su vigencia son reflejo de una sociedad que mantiene costumbres y que elige refugiarse de las ofertas esporádicas y estridentes de las multinacionales. En el puesto cariñoso de Marta o Héctor dicen presente y siguen en movimiento, siempre buscando nuevos destinos.

 

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